Fantástica estancia, inolvidable

Se lo recomiendo a todo el mundo que busque tranquilidad, silencio, buena comida y buen vino. Fueron unos días estupendos. El hotel situado en Fermoselle, bellísimo pueblo, derrocha silencio, calma y tranquilidad, sus habitaciones espaciosas, decoración en madera, de gran belleza y todo muy cuidado. Pero lo mejor es el trato que te dan sus dueños, toda la familia, tan simpáticos, tan atentos, y agradables en el trato, un encanto de familia. Eso te dan, un trato familiar. Buena adaptación para minusválidos, ascensor y baños adaptados, admiten mascotas, un restaurante dónde se come muy bien, carta variada y buen precio. Y una tienda de embutidos y jamones que lleva el padre, con productos de primera calidad y también muy bien de precio. De verdad : un hotel de 10, dónde te tratan espléndidamente.